Tras el telón - Capítulo 3
- Mariana, hijita muchas gracias por los obsequios que has traído para los chicos. Mira sus caritas de felicidad...!
- Si sor Angela, usted sabe que yo en algún momento fui como ellos y sé que lo poquito que les traje podrá mitigar en algo su pena. Y no sé olvide que la otra semana tenemos el cuenta cuentos, ya hable con una compañera actriz para que venga a compartir con los chicos.
- Marianita qué ilusión! Los chicos estarán felices de ver una actriz igual de famosa como tú, aunque tu eres la mejor!!!
- Oh sor Angela, me enrojece sus halagos. Bueno, ya me tengo que ir, pero estaré pronto aquí nuevamente.
- No te preocupes Marianita, pero por favor quiero que cambies ese semblante. Luces muy triste Marianita...
- Ay sor Angela, hay cosas que son difíciles de ocultar. Pero, olvidemos eso...
Sor Angela era como su segunda madre. Ella la cuidaba de todo aquel que le quería hacer daño, ya que la situación en el auspicio a veces era un tanto precaria para los niños que vivían ahí. Por lo que, Mariana siempre vio en ella, una imagen de cariño y bondad, y quizás fue la única figura que le daba la esperanza de que en este mundo había buenas personas.
- Mariachaaa, oh que diga Mariana ¿Por qué ahora sí te llamas no?
- Graciela ¿Qué quieres?
- Nada, solo quería ver a la estrella. ¿Es verdad que te vincularon con ese actor...? ¿Cómo se llama? Ernesto o Gerardo...?
- Graciela tú en serio no cambias ¿no? Mira ahorita estoy ocupada, otro día hablamos con más tiempo!
- Lo sabía, sigues siendo la presumida de siempre. Yo no sé porque se creen ese cuento de que eres buenita y generosa con todo mundo, cuando la verdad es que te avergüenzas hasta de tus orígenes.
- jajajaj ay Graciela, la que no ha cambiado eres tú, que sigues actuando como una chiquilla resentida. Mira, no tengo ganas de pelear y menos aquí, que tus gritos dan mal ejemplo a los niños. Así que... bye bye querida...
Mariana sale por la puerta principal del auspicio, mientras Graciela se queda inmutada luego de las palabras de Mariana.
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Cuando Graciela y Mariana se conocieron los truenos y rayos cayeron sobre el auspicio. En ese tiempo Mariana tenía 6 años, y al ser la que más tiempo tenía en el auspicio era la responsable de guiar a los niños nuevos para que pudieran familiarizarse con el lugar. Sin embargo, de todos los niños de los cuales Mariana tenía que guiar Graciela fue el punto diferente. No solo porque venía de un hogar muy cargado, sino porque sus ojos poseían una oscuridad que a veces aterraba a toda a quien la desafié.
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